Ayer domingo aprovechamos que iba a hacer buen tiempo para ir a Ojcow, uno de los Parques Naturales de Polonia, de hecho es el más pequeño de todos, con una superficie original de 14,40 km², (no 14.000, como dije yo que tenía...) extendido desde entonces a 21,46 km². De esta superficie, 15,28 km² son de bosque y 2,51 km² están estrictamente protegidos y se encuentra a tan sólo 16 km al norte de Cracovia.
El día empezó a las 7 para mí, ya que habíamos quedado a las 8 menos 20 en la puerta de Galería Krakowska, una de las Galerías más famosas de Cracovia (Galería = Centro Comercial), y que se encuentra justo detrás de la estación de autobuses. El autobús (que apenas nos costó 1 €), salió antes de la hora estipulada, pero pudimos cogerlo sin problemas (no le pasó lo mismo a Juan y su novia, que tuvieron que coger el siguiente). El autobús nos dejaba en Skala, pueblo situado a 3 km del Parque, y fuimos andando hasta allí, como buenos aventureros.
Como podéis ver en la imagen, el tiempo a primeras horas de la mañana fue bastante frío. Por el camino pudimos ver niebla, niebla, un par de gansos, una cabra en un monte (no es coña), una virgen por el camino (tampoco es coña), varios arroyos, niebla, y una iglesia o capilla que mereció la pena y donde hicimos un descanso para tomarnos una de las tantas fotos grupales que nos hicimos.
Por cierto, un grupo formado por (de izquierda a derecha): Javi, Ailín, Marcos, Pedro (Chaqueta o Nano), Pedro (Moshila, que soy yo), David, Greta, Cèlia, Samantha, Óscar, Álvaro y Nuria. Entre todos éstos habían agrónomos, estudiantes de Monte, filólogos ingleses y estudiante de ciencias políticas. Los dos primeros fueron bastante útiles ya que estaban en su hábitat (ja...ja...).
Dejando atrás la capilla, por fín nos encontramos con un pequeño pueblo, del cual parecía que en cualquier momento saldrían personajes de un cuento de hadas, y pararnos a refugiarnos un poco del frío y tomarnos un chocolate caliente, o en su defecto café.
Dejando atrás la cafetería y un par de casas que componían el pueblo, nos metimos de lleno en el verdadero parque. Un parque con complejo de Bosque Encantado, y os aseguro que cualquier foto que veáis aquí, o encontréis en internet, sólo será una mínima parte de lo que se ve en la realidad. Una estampa otoñal, hojas caídas, fotos que podrían servir de fondo de pantalla del Windows... geniales. Aquí algunas de las fotos que hicimos del parque.
Esta última foto merece que pare y cuente algo bastante interesante, aunque no se aprecia bien, estamos entre dos rocas enormes y la chica que nos hizo la foto (vaya pulso, guapa), nos dijo que todo peregrino que pasara por ahí debía poner un palito en la roca de la derecha para "sujetarla", entendimos que daba suerte, y todos nosotros allí que lo hicimos.
En la imagen anterior estoy con uno de los monumentos estrella del parque. Se trata del "Hercules' Club", también conocido como "el guante", y se trata de una formación rocosa con forma de mano que sale de la tierra, y que tiene una altura de 25 metros. Impresionaba mucho más en persona.
Subidos a uno de los puntos más alto de una de las montañas, pudimos tener el privilegio de sentirnos como auténticas aves migratorias, que al fin y al cabo es como nos sentimos ahora mismo. Una vista que no podía hacer otra cosa que dejarnos con la boca abierta ya que sólo se veía bosques y más bosques a lo lejos. Una auténtica pasada.
Se nos hacía tarde, y el sol poco a poco nos iba diciendo adiós (llegamos a alcanzar los 20º, y disfrutamos completamente el día gracias a Lorenzo, que se portó bastante bien con nosotros). Y necesitamos descender todos los metros que habíamos subido. Por el camino más bosque, más árboles. Más rincones mágicos, como si de un momento a otro apareciese un gnomo, un hada o caperucita roja paseando con su cesta. Un decorado de Once Upon A Time.
Una vez abajo, y de camino de vuelta, nos encontramos con una pareja de ancianos de lo más adorables que nos ofrecieron amablemente un bote de una especie de mermelada (por 2.5 €, por supuesto), pero que nos enseñaron su huerto, y nos explicaron cómo la hacían.
Por último, antes de dejar el parque atrás, un ruido de gente hablando, una humo que salía de una especie de puestecillo, y lo más importante, el olor a carne a la brasa, nos cautivó totalmente y no pudimos decir que no a aquel exquisito manjar a lo pies de Ojcow.
Que alegría, qué alboroto. Qué felices éramos ahí comiéndonos nuestro buen trozo de carne con pan y salsas, ajenos a que poco después tendríamos que estar esperando más de media hora muertos de frío a un autobús que no llegaba. Y pasaban 40 minutos y no aparecía hasta descubrimos que el servicio ese día no funcionaba. Despues de varios "jiji" y "jajas" recordando toda la familia de la línea de autobuses y de la mujer que nos dijo que allí se cogía el bus a tal hora (17.40 exáctamente), encontramos un número al que poder llamar para que vinieran a recogernos. Por apenas 1.5 € estábamos de vuelta a casa, sanos y salvos y después de pasar un día bastante bueno a la par que agotador, aunque digno de repetir. ¿A dónde será la próxima?
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