lunes, 29 de octubre de 2012

Winter is coming...


Aquí en Cracovia, ha llegado el invierno. Si sois erasmus como yo, el decir que "¡Ha nevado en Cracovia!" sería una auténtica estupidez, porque evidentemente está toda blanca, pero si no lo sois, que sepáis que aquí está haciendo ya rascayús, es decir, fresquíbiris, o como diríamos en mi pueblo: un frío de cohone.

Todo ocurrío la noche de un frío 26 de octubre de 2012, mientras yo (junto a 10 amigos más) estábamos en Budapest haciendo nuestro primer viaje erasmus y nos perdimos la primera nevada de Cracovia. Pero cuando llegamos, la mañana del domingo, aún seguía blanca, impoluta, pidiendo a gritos una batalla campal en medio de su tranquila plaza. ¿Os imagináis que sólo los erasmus españoles hicieramos una guerra de bolas en la plaza? La llenaríamos, seguro y nos mandarían a la mierda, también.

La noche del domingo al lunes aún quedaba algo de nieve, pero mucha menos de la que vimos al medio día. Pero ya se ha encargado el tiempo hoy de cubrirlo todo de nieve de nuevo.


Hoy mi querida compañera de clases y aventuras Yaiza, alias la Little Friki (aquí a la derecha), nos dirigíamos como todo buen estudiante a clases, cuando nos hemos encontrado de nuevo con la nevada del siglo. Al menos, del siglo o de la vida para nosotros dos, que no habíamos visto nevar de esta manera nunca en nuestras vidas. Incluso en clase, una profesora, Eva Apellidoindescriptible, nos dijo que si nos gustaba la nieve y que si estábamos acostumbrados a este tiempo en España. Sinceramente es una de mis profesoras favoritas porque siempre nos pregunta por España, y se le ve bastante interesada en nuestro idioma y cultura, pero eso ya es otro asunto. El caso es que Eva nos dijo que no era normal esta nevada en pleno octubre, que era demasiado pronto para ver tanta nieve.

Al salir de clases y como nuestra querida facultad está a tomar por culo en medio del campo a más de 30 minutos en bus (cogiendo dos) del centro, decidimos gastar un poco de nuestro tiempo tirándonos bolas y haciéndonos fotos con la nieve. Todo el mundo miraba en plan: "Es nieve, ¿vale?". Pero joé, éramos felices. Eso sí, no nos podíamos ir sin hacer antes nuestro particular muñeco de nieve, o intento de muñeco de nieve. Al final salió una especie de paloma mutante con pelillo verde. No le pusimos nombre.


El caso es que Cracovia está blanca, y estamos ya en temperaturas bajo cero, pero soportables. Más o menos. Cuenta la leyenda que la semana que viene volverá el sol. Esperemos.

jueves, 25 de octubre de 2012

Excursión a las Minas de Sal de Wieliczka


Hace ya más de semanas que visitamos las Minas de Sal, cerca de Cracovia, pero no había hecho crónica de ello, ¿por qué? Pues no me lo preguntéis porque no sabría contestar. Es por ello (y por la insistencia de la Paula) que voy a explicaros cómo ir hasta allí, de qué se trata, qué hay y si merece la pena o no.

Para empezar, las Minas de Sal de Wieliczka se encuentran en (tachán) Wieliczka, una ciudad polaca a 20 minutos en autobús de Cracovia (unos 14 km al sureste) y perteneciente al área metropolitana de dicha ciudad. Alcanzan una profundidad de 327 metros y su longitud supera los trescientos kilómetros, de los cuales sólo 3'5 km pueden ser recorridos guiados por un guía turístico, por supuesto. Durante el recorrido son varias las estatuas, y representaciones que vemos de diversos personajes históricos esculpidos por los propios mineros y en sal.


Estas famosísimas minas en Polonia, cuyo sobrenombre es "la catedral subterránea de la sal de Polonia", recibe unas 800.000 visitas al año. Teniendo en cuenta que las minas sólo acepta un número limitado de aforo diario, es una cifra bastante importarte. Entre estas visitas se han encontrado personajes célebres como Nicolás Copérnico, Johann Wolfgang von Goethe, Alexander von Humboldt, Dimitri Mendeleyev, Ignacy Jan Paderewski, Robert Baden-Powell, Karol Wojtyła y el mismísimo Bill Clinton. El primero, además, tiene su propia estatua dentro de las minas de sal, la única hecha por un artista y no por los mineros trabajadores. 


Como dato curioso, debéis saber que es una de las minas de sal activas más antiguas del mundo, ya que aún hoy en día, y desde el siglo XIII, aún se sigue extrayendo sal de mesa de ella. La más antigua se encuentra en Bochnia, también en Polonia, y a apenas 20 km de ésta. La actividad turística en las minas ya se remontan al siglo XIV, cuando se permitió el acceso para su visita a relevantes personajes de la corte de los reyes polacos. Las visitas turísticas se impulsaron en el siglo XVI con un objetivo cultural e imagino, hoy en día, económico. 


Ahora que nos hemos situado y sabemos de qué hablamos, vamos a narrar el cómo llegamos hasta allí y cómo fue nuestra aventura. Rocío, Laura, Maca, Paula, Kristina, Juan, Pedro (Chaqueta o Nano), Ailín, Nuria y servidor estábamos dispuestos a hacer alguna visita fuera de la ciudad y no nos decidíamos entre Auschwitz o las mismas minas de sal. Al final nos decantamos por esta última porque el mismo día se jugaba el clásico y no querían verlo con la mala sensación que te deja después de ver un campo de concentración nazi. Después de comparar precios y ofertas varias, encontramos el que hasta ahora me sigue pareciendo la mejor oferta para llegar hasta allí (si eres estudiante). Por 67 PLN (unos 17 euros) tienes un autobús que te lleva hasta las minas, más la entrada, más un guía, y todo por ser estudiante y enseñando tu carnet de la universidad. Al final, y gracias a que éramos un grupo de 10 personas conseguimos que nos hiciera un minidescuento y pagamos 65 PLN cada uno, ni un euro menos, pero oye, aquí con 2 PLN te compras una hamburguesa en el McDonald. Teniendo en cuenta que la entraba normal allí en las minas cuestan 64 PLN y no incluye el transporte, creo que hicimos una buena compra. Si os interesa podéis preguntar en Florianska 22 (que me regalen una camiseta por hacerle publicidad o algo), que es donde compramos esta excursión. 


Llegamos allí, en un día que hacía un mal tiempo de cojones (con perdón), pero a nosotros plin, porque la excursión era subterránea así que tuvimos hasta suerte. El primer shock fue enterarnos que teníamos que bajar unos 64 metros de profundidad, repartidos en más de 400 peldaños. Vieja broma, pero lo conseguimos. Vaya como molaba mirar por el hueco de la escalera y ver cómo se asomaban decenas de cabecitas. 


Una vez abajo nos avisaron que no podíamos hacer fotos en la parte más importante de la mina, es decir, en la capilla, pero sí en el resto del trayecto. Servidor se enteró lo que quiso y no hizo foto a nada. Si queríamos hacer fotos dentro de la capilla teníamos que pagar (por cámara) 10 PLN, que equivalen a 2'5 € que entre los 10 nos salió como a 25 cnts. Así que ya sabéis, SI podéis hacer fotos sin pagar durante todo el recorrido, pero si queréis hacerlo en la capilla, que es la parte final, tenéis que pagar 10 PLN, pero merece la pena. De la capilla hablaré más tarde, que aún estamos empezando el recorrido. 


Durante el recorrido, no apto para claustrofóbicos, hicimos un laberíntico recorrido de túneles que parecían no tener fin. Puertas y más puertas que daban a más pasillos, más túneles, todo cubierto de madera, piedra y sal. Evidentemente, estás en una mina de sal, pensé. Nos explicaron el por qué de las paredes de maderas, ya que tenían que hacer el esfuerzo de aguantar la mina, y que las paredes no cayeran. Al ser algo natural, la naturaleza tiende a cerrarse y a cubrir todos los espacios vacíos que haya. El trabajo de la madera es hacer que los túneles sigan intactos. 


Por supuesto también vimos varios lagos que hay en la mina, y mecanismos de trabajo de los mineros, con represantaciones exactas. 




Años más tarde, descubrieron que la fuerza de un caballo era superior a la del hombre (muy listos ellos) y es por ello que llevaron caballos a las profundidades de las minas para hacer los trabajos más pesados, como por ejemplo tirar de carros y transportar sal, o tirar de poleas y mecanismos que requerían más fuerza. Los animales que entraban en la mina ya jamás volvían a ver la luz del sol, es por eso que en las propias minas tenían cuadras donde descansaban. En las minas, vivían más tiempo debido a la pureza del oxígeno que respiraban al ser una mina de sal, pero se volvían ciegos. 


Una de las cosas que más me gustaron fueron varias salas en las que los mineros habían hecho estatuas varias de gnomos o enanos, duendes quizá, sonrientes y saludando, algunos trabajando. Cuenta la leyenda de la Mina, que de noche, cuando todos dormías, estas pequeñas estatuas cobraban vida y ayudaban en las minas de noche cuando todos descansaban.



Para terminar hablaremos del plato fuerte de la visita y el cual os adelanté unas líneas más arriba. Uno de los lugares más fascinantes que veréis en la mina será la Capilla de Santa Kinga, con la imagen de la santa tallada en sal y otra serie de esculturas. Casi la totalidad de la capilla está hecha de sal, desde el suelo hasta el monumento en honor de Juan Pablo II (el único Papa Polaco que ha habido en la historia), pasando por las lámparas y cuadros, como por ejemplo, una representación de La Última Cena de Da Vinci. Resulta una auténtica maravilla en su conjunto.





En las paredes de la capilla hay varias representaciones de pasajes de la Biblia, como el nacimiento o la crucifixión de Jesucristo. Cosa bastante lógica teniendo en cuenta que es una capilla cristiana. Eso sí, todo hecho con sal, repito. 


Dejando atrás la capilla es hora de volver a la superficie, ya que nos encontramos a bastante más metros de profundidad que al principio. Y preguntaréis ¿Subir más de 400 escalones? No, afortunadamente para la subida tienen preparado unos miniascensores en los que nos metieron enlatados de 9 en 9, en un espacio donde apenas cabían 4 o 5 personas. Os sorprendería la velocidad que coge dicho ascensor, hecho completamente de metal y que hace que te sientas un auténtico minero.

Hasta aquí la crónica de esta visita, que duró unas 2 horas y media, si no recuerdo mal. Ahora la pregunta es, ¿merece la pena? Si vas a estar una semana en la ciudad, Cracovia tiene mucho por descubrir antes que la sminas. Si vas a estar un largo tiempo, es una visita obligada. La Mina de Sal de Wieliczka es monumento nacional en Polonia desde 1978 y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, si quieres verlo o no, ya depende de ti. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Visita al Parque Natural de Ojcow


Ayer domingo aprovechamos que iba a hacer buen tiempo para ir a Ojcow, uno de los Parques Naturales de Polonia, de hecho es el más pequeño de todos, con una superficie original de 14,40 km², (no 14.000, como dije yo que tenía...) extendido desde entonces a 21,46 km². De esta superficie, 15,28 km² son de bosque y 2,51 km² están estrictamente protegidos y se encuentra a tan sólo 16 km al norte de Cracovia

El día empezó a las 7 para mí, ya que habíamos quedado a las 8 menos 20 en la puerta de Galería Krakowska, una de las Galerías más famosas de Cracovia (Galería = Centro Comercial), y que se encuentra justo detrás de la estación de autobuses. El autobús (que apenas nos costó 1 €), salió antes de la hora estipulada, pero pudimos cogerlo sin problemas (no le pasó lo mismo a Juan y su novia, que tuvieron que coger el siguiente). El autobús nos dejaba en Skala, pueblo situado a 3 km del Parque, y fuimos andando hasta allí, como buenos aventureros. 


Como podéis ver en la imagen, el tiempo a primeras horas de la mañana fue bastante frío. Por el camino pudimos ver niebla, niebla, un par de gansos, una cabra en un monte (no es coña), una virgen por el camino (tampoco es coña), varios arroyos, niebla, y una iglesia o capilla que mereció la pena y donde hicimos un descanso para tomarnos una de las tantas fotos grupales que nos hicimos. 


Por cierto, un grupo formado por (de izquierda a derecha): Javi, Ailín, Marcos, Pedro (Chaqueta o Nano), Pedro (Moshila, que soy yo), David, Greta, Cèlia, Samantha, Óscar, Álvaro y Nuria. Entre todos éstos habían agrónomos, estudiantes de Monte, filólogos ingleses y estudiante de ciencias políticas. Los dos primeros fueron bastante útiles ya que estaban en su  hábitat (ja...ja...). 

Dejando atrás la capilla, por fín nos encontramos con un pequeño pueblo, del cual parecía que en cualquier momento saldrían personajes de un cuento de hadas, y pararnos a refugiarnos un poco del frío y tomarnos un chocolate caliente, o en su defecto café. 


Dejando atrás la cafetería y un par de casas que componían el pueblo, nos metimos de lleno en el verdadero parque. Un parque con complejo de Bosque Encantado, y os aseguro que cualquier foto que veáis aquí, o encontréis en internet, sólo será una mínima parte de lo que se ve en la realidad. Una estampa otoñal, hojas caídas, fotos que podrían servir de fondo de pantalla del Windows... geniales. Aquí algunas de las fotos que hicimos del parque. 









Esta última foto merece que pare y cuente algo bastante interesante, aunque no se aprecia bien, estamos entre dos rocas enormes y la chica que nos hizo la foto (vaya pulso, guapa), nos dijo que todo peregrino que pasara por ahí debía poner un palito en la roca de la derecha para "sujetarla", entendimos que daba suerte, y todos nosotros allí que lo hicimos. 



En la imagen anterior estoy con uno de los monumentos estrella del parque. Se trata del "Hercules' Club", también conocido como "el guante", y se trata de una formación rocosa con forma de mano que sale de la tierra, y que tiene una altura de 25 metros. Impresionaba mucho más en persona. 


Subidos a uno de los puntos más alto de una de las montañas, pudimos tener el privilegio de sentirnos como auténticas aves migratorias, que al fin y al cabo es como nos sentimos ahora mismo. Una vista que no podía hacer otra cosa que dejarnos con la boca abierta ya que sólo se veía bosques y más bosques a lo lejos. Una auténtica pasada. 


Se nos hacía tarde, y el sol poco a poco nos iba diciendo adiós (llegamos a alcanzar los 20º, y disfrutamos completamente el día gracias a Lorenzo, que se portó bastante bien con nosotros). Y necesitamos descender todos los metros que habíamos subido. Por el camino más bosque, más árboles. Más rincones mágicos, como si de un momento a otro apareciese un gnomo, un hada o caperucita roja paseando con su cesta. Un decorado de Once Upon A Time


Una vez abajo, y de camino de vuelta, nos encontramos con una pareja de ancianos de lo más adorables que nos ofrecieron amablemente un bote de una especie de mermelada (por 2.5 €, por supuesto), pero que nos enseñaron su huerto, y nos explicaron cómo la hacían.


Por último, antes de dejar el parque atrás, un ruido de gente hablando, una humo que salía de una especie de puestecillo, y lo más importante, el olor a carne a la brasa, nos cautivó totalmente y no pudimos decir que no a aquel exquisito manjar a lo pies de Ojcow. 




Que alegría, qué alboroto. Qué felices éramos ahí comiéndonos nuestro buen trozo de carne con pan y salsas, ajenos a que poco después tendríamos que estar esperando más de media hora muertos de frío a un autobús que no llegaba. Y pasaban 40 minutos y no aparecía hasta descubrimos que el servicio ese día no funcionaba. Despues de varios "jiji" y "jajas" recordando toda la familia de la línea de autobuses y de la mujer que nos dijo que allí se cogía el bus a tal hora (17.40 exáctamente), encontramos un número al que poder llamar para que vinieran a recogernos. Por apenas 1.5 € estábamos de vuelta a casa, sanos y salvos y después de pasar un día bastante bueno a la par que agotador, aunque digno de repetir. ¿A dónde será la próxima? 



jueves, 11 de octubre de 2012

Un alma aventurera.


Hoy tengo muy poco tiempo para escribir, pero me apetecía actualizar un poco el blog. Seré breve pero espero que estas palabras os sirvan para reflexionar un poco sobre vuestra vida, como yo lo hice con la mía. 

Muchas veces nos conformamos con lo que tenemos, y no nos importa mirar qué hay más allá. Siempre cuando vemos a un amigo o amiga en otro lugar, o haciendo algo diferente decimos: "Hala tío, ¡que envidia!". Deberíamos cambiarlo por "Yo también lo haré". Sin más me gustaría que leyeseis estas líneas:

Son demasiadas las personas que se sienten infelices y que no toman la iniciativa de cambiar su situación porque se las ha condicionado para que acepten una vida basada en la estabilidad, las convenciones y el conformismo. Tal vez parezca que todo eso nos proporciona serenidad, pero en realidad, no hay nada más perjudicial para el espíritu aventurero del hombre que la idea de un futuro estable. 
El núcleo esencial del alma humana es la pasión por la aventura. La dicha de vivir proviene de nuestros encuentros con experiencias nuevas y de ahí que no haya mayor dicha que vivir con unos horizontes que cambian sin cesar, con un sol que es nuevo y distinto cada día.
¿Por qué tenemos que conformarnos? ¿A caso nunca habéis querido mirar más allá de lo que se ve desde vuestras ventanas? Yo sí, y por eso estoy aquí. Animo a que no os conforméis, a curiosear. Os animo a probar sabores y entrar en lo que no conoces.

Por último os dejo con otro pequeño trozo de un libro de Douglas Preston y Lincoln Child:
¿Qué haces ahí parada? Vive. Ama. Viaja. Habla los idiomas que has aprendido. Experimenta el mundo directamente, no a través de las mohosas páginas de un libro. Vive en color, no en blanco y negro.
 ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?

martes, 2 de octubre de 2012

Un paseo con historia: Kazimierz, el barrio judío.


Hoy amanecía nublado en Cracovia, con algo de niebla, pero eso no nos ha impedido visitar uno de los barrios con más historias de la ciudad, e incluso me atrevería a decir del país. El tour, con guía incluido,  empezaba casi en el centro de la ciudad y nos llevó andando hasta el corazón de Kazimierz, una pequeña plaza donde se encuentra la antigua Sinagoga Judía, pero también la nueva y un pequeño monumento coronado por la estrella de David en honor a los miles de judíos asesinados en la Segunda Guerra Mundial por los soldados nazis. Kazimierz es un barrio histórico conocido por haber sido el centro de la comunidad hebrea de la ciudad desde el siglo XIV hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. El barrio fue fundado como ciudad aparte por el rey Casimiro III de Polonia y decidió que debía llevar su nombre en 1335. En 1495 los judíos que vivían en la parte occidental de Cracovia fueron expulsados para hacer espacio a la ampliación del campo de la Universidad Jagellónica y fueron obligados a trasladarse a Kazimierz. Desde entonces y en adelante Kazimierz fue dividida en dos partes: una cristiana al oeste y una hebrea al este. Finalmente la ciudad se convirtió en el principal centro espiritual y cultural de los judíos polacos. Durante siglos fue una zona llena de iglesias y sinagogas en las que los polacos cristianos y hebreos vivieron pacíficamente.


En la imagen de arriba tenéis la antigua Sinagoga, se llama así porque es la Sinagoga más antigua de la que tienen constancia, muy originales ellos. En la imagen podemos ver una pequeña parte, con tejados en forma de triángulos y de color más claro, que es donde rezaban las mujeres. Por supuesto hombres y mujeres entraban por puertas diferentes y rezaban en lugares distintos, para no distraer a los hombres judíos de lo que realmente importaba: la religión. Junto a la Sinagoga, y aunque no se puede apreciar en la fotografía, había un antiguo muro que dividía el barrio del resto de la ciudad. Como curiosidad, en la época nazi, por cada persona que atentara contra un militante nazi, seleccionaban a diez judíos al azar y los mataban en público  en esta plaza y frente a ese muro. 



















En la misma plaza podemos encontrar también la nueva Sinagoga y, como dije antes, un monumento para conmemorar las muertes judías. Los judíos para rezar por alguien utilizan pequeñas piedras que colocan sobre la tumba de sus seres queridos o lugares para rezar. ¿Por qué piedras? Se dice que por dos razones: la primera dice que porque en el camino desde Egipto a Jerusalém, no encontraban otra cosa que piedras cuando un familiar caía o querían rezar. La otra cuenta que porque poner flores en las tumbas es una tradición pagana, y los judíos querían diferenciarse de ellos de alguna forma. La estrella de David está muy presente en casi todas las calles del barrio aún, aunque actualmente se siga conociendo como el barrio judío, los judíos viven en todas las partes de la ciudad. La imagen de la derecha es una escuela donde antiguamente se enseñaba el Torá, el libro sagrado para los judíos. Recordar también que cuando los judíos llegaron a Kazimierz, eran los únicos que sabían escribir y leer, y no los cristianos (sólo el clero y un 2% de la nobleza), por lo que se asentaron y prosperaron en el barrio sin problemas. Por el camino hacia otra de las Sinagogas importantes del barrio, el guía nos llevó por una calle bastante interesante ya que fue donde Steven Spielberg rodó una de las escenas de "La Lista de Schindler", cuando un judío es sorprendido por las tropas nazis y se hace pasar por soldado nazi mientras aparta las maletas, que habían tirado la guardia a las calles, del camino. Durante el tour pudimos ver varias escenas de la película, ya que al estar ambientada en esta ciudad, también se rodaron algunas escenas.

Llegamos a la tercera Sinagoga, llamada la Sinagoga de Isaac, con una historia bastante interesante. Cuenta la leyenda que el fundador de la sinagoga soñó un día que había un tesoro enterrado en Praga, y que decidió ir a buscarlo. Para llegar hasta el tesoro se encontró con un guardia que no le dejaba pasar hasta donde él soñó que estaba. Le dijo que si encontraba el tesoro lo repartirían a medias, y el guardia se rió negándole el paso. El guardia a su vez le dijo que él también había soñado que se encontraba un tesoro enterrado en tal sitio en Cracovia, de donde era el protagonista de nuestra historia, pero que nunca había ido a buscarlo. Así pues, Isaac se volvió con las manos vacías a su ciudad pero se puso a buscar el tesoro que le había dicho el guardia. Y efectivamente, lo encontró y con lo que ganó construyó esta sinagoga. ¿Moraleja? Que a veces tenemos los tesoros ante nosotros y no nos damos cuenta, sin necesidad de ir a otra parte del mundo a buscarlos. Esta historia es muy bonita, pero la real es que el fundador era banquero, y le sobraba dinero por todas partes.

En la épica nazi, todos los judíos fueron sacados de sus casas y llevados hacia otra parte de la ciudad para tenerlos controlados, a Podgorze, y dejaron de vivir en Kazimierz. Muchos años después el barrio se convirtió en una zona insegura, donde sólo vivían estudiantes (al ser una zona insegura el alquiler era más barato) y artistas (por eso de que eran muy bohemios todos). Por esta razón, hoy en día el barrio está lleno de pubs y sitios curioso donde mientras nos tomamos un café o una cerveza podemos estar escuchando jazz o música en directo. Además llama mucho la atención las terrazas de los cafés, peculiares cuanto menos.


Llama mucho la atención sobretodo el bar de la última imagen, donde las mesas son máquinas de coser. En dicho bar/pub cuando hay música en directo, la tradición manda a montarse en las mesas y saltar y bailar, ya que antiguamente se llenaba de tal manera que tenían que montarse en las mesas para que cupiera más gente. Nota mental: tienes que ir, Pedro


Por el camino nos encontramos también con una plaza con varios puestos de fruta, cosas de segunda mano y puestecillos de Zapiekankas, una de las comidas más típicas y baratas que podéis encontrar en Cracovia. Los Zapiekankas son una especie de paninis, o pizza-baguet, que están completamente riquísimas, y que pueden estar hechas de cualquier cosa que se te ocurra. Tienen normalmente una longitud de 30 cm y suele constar entre 6 y 9 zlt, que equivalen a 1'5 y 2'20 €, si venís tenéis que probarla. En esta ocasión me pedí una vegetal. Las he probado mejores, pa qué mentí. Eso sí, con una vas más que comido, e incluso a veces se hace muy larga, no era la ocasión hoy porque estábamos hambrientos. 


En cuanto a los puestos de fruta, hay varios repartidos por la ciudad, ya que aquí la fruta y hortalizas son bastante baratas. Para que os hagáis una idea, un kilo de cebollas puedes costar 30 céntimos, lo mismo que un par de plátanos, y una pieza de manzana puede estar por menos de 20 cnts. Los puestos de segunda mano también son muy frecuentes en el barrio. Llama la atención la cantidad de tiendas de ropa de segunda mano que hay, donde venden la ropa al kg. 

Continuamos nuestro camino y nos encontramos con la primera iglesia cristiana, desde donde salían procesiones y celebraban el Corpus Christi, en armonía con los judíos, como bien expliqué al principio de esta reseña. Dejando atrás esta iglesia y tras cruzar el puente más nuevo de la ciudad, llamado el puente de los monjes, y donde unos monitores de la ESN (Exchange Students Network) nos captaron para hacer una sesión de fotos para un calendario (todo muy divertido), nos dirigíamos al barrio más triste de la ciudad, a Podgorze, donde tenían a todos los judíos malviviendo para que no contagiaran al resto de la población polaca. Desde aquel barrio mataban en la plaza del Guetto, a los que tenían más suerte, y los que no los llevaban a varios campos de concentración Nazis, como por ejemplo Auschwitz. Es increíble como se te pone la piel de gallina saber que estás en una plaza donde han muerto tantos y tantos judíos. A los niños huérfanos los ponían en fila y con un sólo disparo aniquilaban a bastantes. 

En la plaza del Guetto hoy en día hay decenas de sillas gigantes para conmemorar a los judíos que vivían allí. ¿Por qué sillas? Porque cuando sacaban a los judíos de sus casas obligadamente sacaban todos los muebles y enseres y los dejaban en la plaza, como normalmente los judíos morían, nadie recogía esos muebles, y siempre estaba lleno de sillas y mesas. De ahí que hayan llenado la plaza de sillas gigantes. Muy cerca de allí, a apenas 600 m, se encuentra aún la auténtica Fábrica de Oskar Schindler, quien comprara judíos para que trabajasen en su fábrica y así evitar que fuesen a campos de concentración. De esta forma, Schindler salvó a más de 1000 judíos, es por eso que es tan querido en la ciudad. La fábrica hoy en día está convertida en museo, museo de la época, pero al que no entramos, ya que estábamos muy cansados. Mañana será otro día. Os dejo la imagen actual de la fachada de la fábrica, y después la original, con Oskar y varios trabajadores posando. 


Y aquí terminó nuestra visita turística. Espero que os haya gustado esta reseña, algo larga quizá, pero interesante cuando menos, y os deis cuenta que Cracovia es una ciudad con muchísima historia, y muy desconocida. Pero para eso estoy yo, para encargarme que conoceréis un poco más la ciudad a través de mis ojos y las letras. 

Por cierto, os dejo con el tráiler de "La Lista de Schindler", una especie de documental de qué pasaba en esa época. No podéis perdérosla, aunque es bastante dura, advierto.