Hace ya más de semanas que visitamos las Minas de Sal, cerca de Cracovia, pero no había hecho crónica de ello, ¿por qué? Pues no me lo preguntéis porque no sabría contestar. Es por ello (y por la insistencia de la Paula) que voy a explicaros cómo ir hasta allí, de qué se trata, qué hay y si merece la pena o no.
Para empezar, las Minas de Sal de Wieliczka se encuentran en (tachán) Wieliczka, una ciudad polaca a 20 minutos en autobús de Cracovia (unos 14 km al sureste) y perteneciente al área metropolitana de dicha ciudad. Alcanzan una profundidad de 327 metros y su longitud supera los trescientos kilómetros, de los cuales sólo 3'5 km pueden ser recorridos guiados por un guía turístico, por supuesto. Durante el recorrido son varias las estatuas, y representaciones que vemos de diversos personajes históricos esculpidos por los propios mineros y en sal.

Estas famosísimas minas en Polonia, cuyo sobrenombre es "la catedral subterránea de la sal de Polonia", recibe unas 800.000 visitas al año. Teniendo en cuenta que las minas sólo acepta un número limitado de aforo diario, es una cifra bastante importarte. Entre estas visitas se han encontrado personajes célebres como Nicolás Copérnico, Johann Wolfgang von Goethe, Alexander von Humboldt, Dimitri Mendeleyev, Ignacy Jan Paderewski, Robert Baden-Powell, Karol Wojtyła y el mismísimo Bill Clinton. El primero, además, tiene su propia estatua dentro de las minas de sal, la única hecha por un artista y no por los mineros trabajadores.

Como dato curioso, debéis saber que es una de las minas de sal activas más antiguas del mundo, ya que aún hoy en día, y desde el siglo XIII, aún se sigue extrayendo sal de mesa de ella. La más antigua se encuentra en Bochnia, también en Polonia, y a apenas 20 km de ésta. La actividad turística en las minas ya se remontan al siglo XIV, cuando se permitió el acceso para su visita a relevantes personajes de la corte de los reyes polacos. Las visitas turísticas se impulsaron en el siglo XVI con un objetivo cultural e imagino, hoy en día, económico.

Ahora que nos hemos situado y sabemos de qué hablamos, vamos a narrar el cómo llegamos hasta allí y cómo fue nuestra aventura. Rocío, Laura, Maca, Paula, Kristina, Juan, Pedro (Chaqueta o Nano), Ailín, Nuria y servidor estábamos dispuestos a hacer alguna visita fuera de la ciudad y no nos decidíamos entre Auschwitz o las mismas minas de sal. Al final nos decantamos por esta última porque el mismo día se jugaba el clásico y no querían verlo con la mala sensación que te deja después de ver un campo de concentración nazi. Después de comparar precios y ofertas varias, encontramos el que hasta ahora me sigue pareciendo la mejor oferta para llegar hasta allí (si eres estudiante). Por 67 PLN (unos 17 euros) tienes un autobús que te lleva hasta las minas, más la entrada, más un guía, y todo por ser estudiante y enseñando tu carnet de la universidad. Al final, y gracias a que éramos un grupo de 10 personas conseguimos que nos hiciera un minidescuento y pagamos 65 PLN cada uno, ni un euro menos, pero oye, aquí con 2 PLN te compras una hamburguesa en el McDonald. Teniendo en cuenta que la entraba normal allí en las minas cuestan 64 PLN y no incluye el transporte, creo que hicimos una buena compra. Si os interesa podéis preguntar en Florianska 22 (que me regalen una camiseta por hacerle publicidad o algo), que es donde compramos esta excursión.

Llegamos allí, en un día que hacía un mal tiempo de cojones (con perdón), pero a nosotros plin, porque la excursión era subterránea así que tuvimos hasta suerte. El primer shock fue enterarnos que teníamos que bajar unos 64 metros de profundidad, repartidos en más de 400 peldaños. Vieja broma, pero lo conseguimos. Vaya como molaba mirar por el hueco de la escalera y ver cómo se asomaban decenas de cabecitas.

Una vez abajo nos avisaron que no podíamos hacer fotos en la parte más importante de la mina, es decir, en la capilla, pero sí en el resto del trayecto. Servidor se enteró lo que quiso y no hizo foto a nada. Si queríamos hacer fotos dentro de la capilla teníamos que pagar (por cámara) 10 PLN, que equivalen a 2'5 € que entre los 10 nos salió como a 25 cnts. Así que ya sabéis, SI podéis hacer fotos sin pagar durante todo el recorrido, pero si queréis hacerlo en la capilla, que es la parte final, tenéis que pagar 10 PLN, pero merece la pena. De la capilla hablaré más tarde, que aún estamos empezando el recorrido.

Durante el recorrido, no apto para claustrofóbicos, hicimos un laberíntico recorrido de túneles que parecían no tener fin. Puertas y más puertas que daban a más pasillos, más túneles, todo cubierto de madera, piedra y sal. Evidentemente, estás en una mina de sal, pensé. Nos explicaron el por qué de las paredes de maderas, ya que tenían que hacer el esfuerzo de aguantar la mina, y que las paredes no cayeran. Al ser algo natural, la naturaleza tiende a cerrarse y a cubrir todos los espacios vacíos que haya. El trabajo de la madera es hacer que los túneles sigan intactos.
Por supuesto también vimos varios lagos que hay en la mina, y mecanismos de trabajo de los mineros, con represantaciones exactas.
Años más tarde, descubrieron que la fuerza de un caballo era superior a la del hombre (muy listos ellos) y es por ello que llevaron caballos a las profundidades de las minas para hacer los trabajos más pesados, como por ejemplo tirar de carros y transportar sal, o tirar de poleas y mecanismos que requerían más fuerza. Los animales que entraban en la mina ya jamás volvían a ver la luz del sol, es por eso que en las propias minas tenían cuadras donde descansaban. En las minas, vivían más tiempo debido a la pureza del oxígeno que respiraban al ser una mina de sal, pero se volvían ciegos.
Una de las cosas que más me gustaron fueron varias salas en las que los mineros habían hecho estatuas varias de gnomos o enanos, duendes quizá, sonrientes y saludando, algunos trabajando. Cuenta la leyenda de la Mina, que de noche, cuando todos dormías, estas pequeñas estatuas cobraban vida y ayudaban en las minas de noche cuando todos descansaban.
Para terminar hablaremos del plato fuerte de la visita y el cual os adelanté unas líneas más arriba. Uno de los lugares más fascinantes que veréis en la mina será la Capilla de Santa Kinga, con la imagen de la santa tallada en sal y otra serie de esculturas. Casi la totalidad de la capilla está hecha de sal, desde el suelo hasta el monumento en honor de Juan Pablo II (el único Papa Polaco que ha habido en la historia), pasando por las lámparas y cuadros, como por ejemplo, una representación de La Última Cena de Da Vinci. Resulta una auténtica maravilla en su conjunto.
En las paredes de la capilla hay varias representaciones de pasajes de la Biblia, como el nacimiento o la crucifixión de Jesucristo. Cosa bastante lógica teniendo en cuenta que es una capilla cristiana. Eso sí, todo hecho con sal, repito.
Dejando atrás la capilla es hora de volver a la superficie, ya que nos encontramos a bastante más metros de profundidad que al principio. Y preguntaréis ¿Subir más de 400 escalones? No, afortunadamente para la subida tienen preparado unos miniascensores en los que nos metieron enlatados de 9 en 9, en un espacio donde apenas cabían 4 o 5 personas. Os sorprendería la velocidad que coge dicho ascensor, hecho completamente de metal y que hace que te sientas un auténtico minero.
Hasta aquí la crónica de esta visita, que duró unas 2 horas y media, si no recuerdo mal. Ahora la pregunta es, ¿merece la pena? Si vas a estar una semana en la ciudad, Cracovia tiene mucho por descubrir antes que la sminas. Si vas a estar un largo tiempo, es una visita obligada. La Mina de Sal de Wieliczka es monumento nacional en Polonia desde 1978 y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, si quieres verlo o no, ya depende de ti.